El día que Internet murió

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Sucedió… el hecho trágico, espantoso, lo peor que podía pasar, pasó. Internet dejó de funcionar.

Silencio total. No se trató de un tema de conexión lenta. Tampoco de servidores sobrecargados que necesitaban una rápida actualización. Simplemente eso, el sistema se detuvo. Nada. Nada de nada. Me siento como si hubiera viajado en cohete a Marte y ahora no tengo absolutamente ninguna conexión con la galaxia exterior que me rodea.

Bueno, no llegamos a Marte. Fue solamente un jardinero descuidado que se las arregló para cortar el cable de conexión.

De modo que aquí estoy… dando vueltas, un tanto agotado por la situación. Me siento perdido. ¿Cómo ver las últimas noticias sobre lo que pasa en el mundo? No puedo. ¿Cómo saber quién ganó el partido de anoche de anoche? No puedo. ¿Cómo chatear con mis amigos para ver si hicieron algo genial en los últimos cuarenta segundos? No puedo.

Paso todo el día conectado al ciberespacio y lo uso más como una necesidad que un lujo. Toda mi comunicación comercial depende de Internet, si no cuento con este servicio no puedo trabajar. Es así. Probablemente no necesite disponer de Internet para producir mi trabajo, pero es indudable que el no poder contar con el servicio tiene un importante rol psicológico.

Me tomé el día libre, así que mañana tendré el doble de trabajo. Pero voy a sobrellevarlo. Fui al parque, jugué unos picaditos con mi hermano, trepé a un árbol, me tiré a la pileta del patio. Disfruté de un asado en familia. Me aflojé un poco y volví a vivir todas esas experiencias de antes. No hay a dónde correr, nadie a quien perseguir. Las noticias de última hora de CNN tendrán que salir al aire sin mí.

Es triste pero cierto. Este es el mundo en el que vivimos en la actualidad. Todo gira alrededor de Internet. Posiblemente ni te llegues a dar cuenta hasta qué punto dependemos diariamente de Internet. Nos sentimos perdidos si no podemos contar con este servicio.

¿Mi consejo? Corta tu cable de Internet. Hazlo solo por divertirte un rato. Para revivir los tiempos en que no sabíamos qué estaban almorzando nuestros amigos que vivían del otro lado del país, cuando hablábamos por teléfono con la gente. Para volver a los días en que ir al parque para jugar unos picaditos con un hermano no era algo fuera de lo común. Hazlo para seguir viviendo normalmente.

Bueno, tampoco te voy a mentir… fuimos al hotel que queda en la otra cuadra con nuestras laptops, para poder inhalar algo de Wifi. Pero nos aguantamos hasta las 9 de la noche.

De modo que acá estoy. Querría enviar esto por e-mail para revisar el texto, pero no puedo. No tengo Internet.

POR MENACHEM KRINSKY

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