PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

El comienzo de la civilización occidental

Janucá es una festividad judía anual de ocho días. Pero también se reivindica como el inicio de la civilización occidental. No de la civilización judía que ya era antigua en la época de los eventos de Janucá en el siglo segundo de la era común, y tampoco de la civilización helénica (antigua Grecia) que también era antigua. Sino que el encuentro del Occidente con el Judaísmo, de la razón con la revelación, de Atenas con Jerusalén, eso comenzó en Janucá.

Un antiguo filósofo griego dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas.” La Biblia discrepa: “el temor del Señor, es el comienzo de la sabiduría.” ¿Quién tiene razón? Un gran debate sobre D-os y el hombre yace en el corazón de Occidente. Del Sinaí a Babilonia, de los leones a los Cruzados, de las Guerras de Religión a la Era de la Razón y de Revolución, de la eugenesia a la creencia que la vida es sagrada, de la globalización al respeto por los estados individuales, ¡incluso Israel!, siempre permanece la pregunta central. Atenas y Jerusalén son aún lo que siempre fueron, los mellizos enfrentados del Occidente.

Janucá conmemora una victoria milagrosa en una guerra en el 167 AEC. Un reino greco-macedonio, cuyo centro estaba en lo que hoy es Siria, intentó prohibir la religión judía en su tierra de origen en Judea y reemplazarla con su cultura helénica. Muchos judíos apoyaron ese objetivo. Pero eso no es sorprendente porque el helenismo tiene un enorme atractivo.

El helenismo parecía tener todo a su favor. Era actual, sofisticado, e intelectualmente sustancioso. Ofrecía riqueza, salud, arte, y encanto. Representaba el ticket de entrada a una civilización imperial. El helenismo ofrecía la oportunidad de pensar en grande.

El judaísmo estaba en el otro extremo de la escala. Era antiguo, pequeño y pobre. No tenía imperio. No tenía nada que ofrecer excepto fe, confianza, amor y fortaleza. Pero resulta que esas son cosas que el corazón humano necesita.

Y así sucedió el milagro. Un pequeño grupo, con fe ardiente, salió a derrotar al imperio.

Por supuesto que hay una explicación racional, como siempre. “El estado greco-sirio ya no estaba en su apogeo.” “Los judíos tenían líneas cortas de comunicación.” “Ellos dominaban la táctica de guerrillas.” “Los griegos se creyeron más de lo que eran.” “Judea no valía la vida de un granadero macedonio.” Si las explicaciones racionales son suficientes para usted, elija la que quiera.

Pero si usted piensa que “el corazón tiene razones que la razón no conoce”, si piensa que hay más en la vida que partículas en movimiento, si usted respeta la ciencia sin adorarla, en resumen, si usted no está convencido que el hombre es D-os, entonces maravíllese por la luz de un milagro ardiendo en los oscuros días del invierno.

POR BARRY STRAUSS
El Dr Barry Strauss es profesor de historia en la Universidad de Cornell.

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