FestividadesPurim

El Angel y el borracho

Iom haKipurim (el Día del Perdón) es también llamado así porque es un Iom k´Purim, “un día como Purim”.

Difícilmente, se podrían encontrar en el calendario judío dos días más disímiles. Iom Kipur es el día más solemne del año. Es un día de búsqueda del alma y de arrepentimiento; es el día en que nos conectamos con el núcleo intangible de la pureza dentro de nosotros, con el ser que permanece manchado por nuestras faltas y transgresiones para sacar de él la expiación por los errores del pasado y poder resolverlos para el futuro. Por lo tanto, es natural que Iom Kipur deba ser un día de espiritualidad sin límites, un día en que trascendemos lo físico a fin de estar en comunión con nuestra esencia espiritual. La Torá nos ordena “afligirnos” en Iom Kipur y privar al cuerpo de alimentos y bebidas y de todos los placeres físicos. Iom Kipur es el día en que el hombre terrestre se parece al ángel celestial.

Purim, por otro lado, es el día más físico del año. Es un día en el que festejamos y bebemos, tanto es así que el Talmud afirma que “una persona está obligada a beber en Purim hasta que no sepa la diferencia entre el “maldito Hamán” y el “bendito Mordejai”. Como nuestros Sabios explican, en Purim se celebra la salvación del pueblo judío. Hay festividades (como Janucá) que nos recuerda la época en que el alma Judía se vio amenazada, cuando nuestros enemigos se esforzaron por desarraigar nuestra fe y profanar la santidad de nuestras vidas, las cuales están marcadas con las consiguientes observancias “espirituales” (por ejemplo, encender la Menorá, la recitación del Halel). En Purim, sin embargo, fue el cuerpo judío que se salvó, Hamán no planeó asimilar o paganizar a los judíos, sino destruirlos físicamente a todos, hombres, mujeres y niños, sobre la faz de la tierra. Purim se celebra leyendo la Meguilá, dando dinero a los pobres, enviando donaciones de alimentos a los amigos, comiendo una comida ostentosa y bebiendo.

En Iom Kipur, ayunamos y oramos; en Purim, festejamos. Sin embargo, el Zohar ve similares a los dos días, y llega aun más lejos e interpreta el nombre de Iom HaKipurim (como llama la Torá el día de Iom Kipur) con el significado de que es “un día como Purim” (Iom k’purim).

Razones y loterías

Purim significa “lotería”. Lleva este nombre debido al sorteo que hizo Hamán para determinar qué día del año los judíos iban a ser asesinados, Di-s no lo permita. Las loterías también son un tema central en el día de Iom Kipur, ya que uno de los momentos mas dramáticos del servicio de Iom Kipur en el Templo Sagrado era cuando el Kohen Gadol (Sumo Sacerdote) se paraba entre dos machos cabríos y sorteaba cuál debería ser ofrecido a Di-s y cuál debería llevar los pecados de Israel al desierto.

Una lotería representa la idea de superar la motivación y la razón. Se lleva a cabo cuando en el momento final no queda ninguna razón para elegir una opción sobre la otra, así, el asunto queda a cargo de algo que está más allá del control y de la comprensión de la persona. Ahí radica la importancia de los sorteos que realizaba el Kohen Gadol en Iom Kipur. Luego de que se haya dicho y hecho todo, estamos ante Di-s con nuestras faltas y, según un criterio racional, necesitaríamos de Su juicio. Es por esto que vamos más allá de lo racional, del mérito y de la culpa. Dejamos de hacer todo lo que nos identifica como seres físicos: no comemos ni bebemos, entre otras cosas. Sorteamos nuestro destino ante Di-s, confiados en que El responderá en los términos propios de nuestro, por excelencia, vínculo con Di-s, más que por las escalas existenciales del pro y contra.

La lotería de Hamán fue su intento por alentar la supraexistencia de lo Divino a un final opuesto. “El pueblo Judío”, dijo Hamán, “constituido por los perseguidores de la sabiduría de Di-s en la Tierra y los ejecutores de sus mandamientos, podría así ameritar Su favor y protección. Pero seguramente que Di-s en su esencia está por encima de todo, más allá de nuestra razón terrenal y sus nociones de “virtud”, “merecimiento” y conceptos tales como “bueno” o “malo”. La voluntad divina es tan arbitraria como tirar los dados. ¿Por qué no intentarlo? ‘Podría atrapar un capricho celestial corriendo en mi dirección’”.

Como el Talmud nos relata: “Cuando el sorteo de Hamán cayó en el mes de Adar, él se regocijó diciendo: La lotería ha caído para mí en el mismo mes en el que Moisés falleció. Esto es lo que he estado diciendo todo este tiempo. Moisés pudo haberle dado la Torá a Israel, pero también es mortal. Moisés es parte de la realidad física, una realidad que fue trascendida por el “sorteo” al que yo he accedido. Mi lotería indica, entonces, que he sustituido a Moisés, y al mérito de Israel ante los ojos de Di-s”.

En lo que falló Hamán, agrega el Talmud, es en darse cuenta de que mientras que Adar fue el mes en el que falleció Moisés, también fue el mes en el que nació. En el análisis final, la intención del sorteo de Hamán fue completamente opuesta a la que él entendió. Moisés pudo haber “fallecido”, pero la relación de Di-s con Su pueblo trasciende la realidad terrenal. También en el nivel en el que “la oscuridad es como la luz” y donde el “bien” y el “mal” son igual de insignificantes ante Él, Di-s elije –por ninguna razón, sino por Su propia elección– al pueblo de Israel. Como dicen las palabras del Profeta: “¿No es Esav un hermano para Iaakov? Y dice Di-s: “Pero yo amo a Iaakov”. También cuando la realidad parece arbitraria, como tirar los dados, para el justo, Iaakov, no vale más que para el malvado, Esav; el sorteo Divino inevitablemente cae con su Pueblo elegido.

Es por esto que la festividad de Purim deriva su nombre del sorteo que hizo Hamán. Ya que no es simplemente un detalle en la historia, sino el único evento que nos expresa lo que representa.

Iom Kipur es de hecho “un día como Purim”: ambos son puntos en el tiempo físico que trascienden las leyes mismas de la existencia física. Puntos que nos elevan por encima de la estructura racional de la realidad y afirman nuestro vínculo supraracional con Di-s.

Pero también hay una diferencia significativa entre estos dos días. En Iom Kipur, nuestra trascendencia se expresa por nuestra negación de todas las trampas de la vida física. Pero el hecho de que estas “interfieren” con el carácter supraexistencial de este día, indica que no somos totalmente libres de ellas. Es por esto que Iom Kipur es solo “un día como Purim” (k’purim), ya que alcanza sólo una apariencia de la esencia de Purim.

La marca final de la trascendencia no es cuando lo que va a ser trascendido se suprime, sino cuando este mismo sirve el final trascendente. El milagro de Purim fue la afirmación de Di-s de Su elección al pueblo de Israel, sin embargo fue un milagro investido en la naturaleza. No hubo mares que se dividieron o aceite que duró ocho días. Todo pasó de una forma natural: La belleza de Ester ante Ajashverosh hizo que él la hiciera su reina, Mordejai escuchó el plan para matar a Ajashverosh, etc. De hecho, el nombre de Di-s no se menciona ni una vez en el Libro de Ester. Es por esta misma razón que Purim es el mayor de los milagros, un milagro en el que no es simplemente el orden natural eludido o sustituido, pero en el que la naturaleza se convierte en el instrumento de lo milagroso.

Lo mismo ocurre en el nivel individual: la trascendencia última de la materialidad no se logra al privar al cuerpo suprimiendo lo físico, sino a través de la transformación de lo físico en un instrumento de la voluntad Divina. Es por esto que “Purim” es el día en que nosotros somos “muy” físicos y, al mismo, tiempo exhibimos una abnegación a Di-s que trasciende todos los parámetros de lo físico-racional; trasciende, incluso, los axiomas: “maldito Hamán” y “bendito Mordejai”.

Iom Kipur es el día en el que el judío se eleva por encima de las limitaciones del mundo físico y la racionalidad. Purim es el día en el que el judío vive una vida física, como intermediario para una suprafísica y supraracional compromiso con Di-s.

Basado en lo que dijo el Rebe en Purim del año 5718 (1958-9) y otras ocasiones.

POR YANKI TAUBER, BASADO EN LAS ENSEÑANZAS DEL REBE DE LUBAVITCH

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