Aprender a ser PadresFamilia

Cuatro mantras para ayudar a las mamás a mantener la calma

Porque las madres felices y sanas crían niños felices y sanos.

Todos queremos ser buenos padres. Pero seamos sinceros: ser padres es difícil. Se necesita trabajar el carácter, una honesta introspección, una dosis de sabiduría y una buena cantidad de autocontrol para no gruñirles a tus hijos, tirar el iPhone de tu adolescente por la ventana o permitirle a tu “bruja” interna salir a flote. He aquí algunos mantras que yo trato de tener en mente para mantener la calma mientras enfrento los inevitables desafíos diarios en la vida de una mamá.

1. No eres la super-mujer

No tengo una capa y no sé volar. Respeta y acepta tu condición humana. Preocúpate de ti misma. Ten un sistema de apoyo preparado para los días difíciles. Anda, cómprate una alcancía y úsala para juntar monedas que podrás utilizar en aquellos días en que necesitas ayuda extra. No seas tímida; pide ayuda si la necesitas y acepta con gracia una oferta amable.

¡Duerme! No cerrar los ojos lo suficiente puede provocar cosas raras en el cerebro, especialmente cuando la casa es un desastre, la cena no está lista y tus hijos están escribiendo sus nombres con pasta de dientes en el espejo del baño. Mantén tu mente y tu cuerpo nutridos con comidas sanas. No te olvides de comer tres comidas al día.

2. Cuidar de ti misma no es egoísmo.

Tus hijos no te van a odiar por cuidar de ti misma; las madres felices y sanas hacen niños felices y sanos. Cuando sientas que tus cables están soltándose un poco, podría ayudarte dar un paso atrás y preguntarte por qué no estás feliz o si tus necesidades básicas están siendo cubiertas. Pregúntate a ti misma si estás demasiado cansada, hambrienta o simplemente agotada.

Tomate un descanso de tus hijos. Sal de la casa y pásalo bien con amigas, lee un libro, haz yoga o límate las uñas.

3. La empatía es un antídoto para el enojo.

La empatía te ayuda a ponerte en los zapatos de otra persona e intentar entender su perspectiva. Te ayuda a tolerar las debilidades, defectos y la simple y llana humanidad de los demás. Mis hijos tampoco tienen capas ni saben volar; son simplemente niños normales con conductas normales de niños, cerebros de niños y cambios de ánimo de niños. Cuando soy empática, intento darles a mis hijos la libertad de ser niños. Intento entender que cuando mi hijo de tres años está haciendo un berrinche en el piso del pasillo tres del supermercado, es su pequeño cerebro, es una reacción perfectamente legítima.

La empatía ayuda a quitarle la tensión del elemento de enojo y te permite atacar el problema con lógica calmada. Puede ser difícil tenerlo en mente en el calor del momento, pero la práctica ciertamente ayuda.

4. No reacciones en el calor del momento.

Si hablas cuando estás enojada ciertamente te arrepentirás. Si una situación no requiere una reacción inmediata, entonces es mejor aguantarse hasta que empieces a sentirte un poco más tranquila. Intenta alejarte o decirle a un niño mayor, “Estoy demasiado enojada para hablarte ahora, así que voy a irme por unos minutos”. Respira profundo y lento unas cuantas veces. Cuenta hasta diez.

Ningún padre es perfecto. Pero con cada desafío que vencemos y cada flexión que hace nuestro “músculo de carácter”, nos acercamos a las personas y los padres que siempre soñamos ser.

 

POR BARBARA PENN

 

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