Nuestra Parshá abre con las leyes de la vaca colorada, que era utilizada para purificar a un impuro consecuencia de haber tenido contacto con un muerto. El Rambam, que compagina todas estas leyes, trae también la historia del cumplimiento de este precepto1: “nueve vacas coloradas se llevaron a cabo desde que fueron ordenados en este precepto hasta que se destruyó el Templo por segunda vez. La primera la hizo Moshe Rabeinu, la segunda la hizo Ezra, y hubo siete desde Ezra hasta la destrucción del Templo. Y la décima la llevará a cabo el Rey Mashíaj, que pronto se revele, Amén, que así sea Su Voluntad”.

Las últimas palabras del Rambam despiertan la siguiente pregunta: El libro del Rambam es un libro de Leyes, y no uno de rezos y súplicas. A su vez, es sabido que cada una de sus palabras es sopesada y medida, y muchas leyes se aprenden del meticuloso análisis del lenguaje utilizado. ¿Cuál es el lugar para que en su libro de leyes2 esté el agregado de: “que pronto se revele, Amén, que así sea Su Voluntad”?

Profunda Espera:

Podría decirse que el Rambam pretende enseñar, que el judío debe rezar por la llegada del Mashíaj.

Pero esta explicación no es suficiente, puesto que la disposición sobre la necesidad de rezar por la llegada del Mashíaj, a simple vista debería escribirse en los capítulos donde se trata sobre las leyes del Mashíaj, y no aquí, donde el Mashíaj es mencionado sólo de paso.

La explicación es que justamente el Rambam nos quiere enseñar con ello una ley respecto a lo profunda que debe ser nuestra espera y nuestra plegaria por la llegada del Mashíaj. Incluso cuando el tema de la redención mesiánica surge de paso, debe despertar en el judío sentimientos tan profundos de deseo y añoranza, al punto de elevar de inmediato una plegaria; “que pronto se revele…”.

Deber Permanente

Con respecto a la fe en la llegada del Mashíaj, el Rambam legisla3: “Todo aquel quien no cree en él y que no espera su llegada…es un hereje…en la Torá y en Moshe Rabeinu”. A la luz de esta disposición resulta que no es suficiente creer en que el Mashíaj llegará, sino que también se debe esperar y ansiar su llegada. Quien tiene fe en que el Mashíaj llegará pero no lo espera- posee una fe defectuosa.

Siendo que la obligación de creer en la llegada del Mashíaj es permanente, se desprende que también esperar su llegada es un deber permanente. El judío debe estar en todo momento con una sensación de espera y ansiedad de que el Mashíaj llega ya. Así decimos en nuestra plegaria tres veces por día: “a Tu salvación esperamos todo el día” esperamos la redención mesiánica cada instante del día.

Sensación de Falta

Esta sensación de espera ansiosa surge de la percepción verdadera de qué significa la redención mesiánica. El judío sabe que es imposible alcanzar la perfección sin el Mashíaj. Mientras que no haya llegado aun la redención- el judío y el mundo se encuentran en un constante estado de falta, y por ende en todo momento está en un estado de intenso deseo de la redención.

Esta es precisamente la ley que nos enseña el Rambam: el judío que espera la llegada del Mashíaj de la manera correcta, cuando menciona tema alguno referente a la redención, incluso si sólo se trata de una mención casual, se despiertan en él de inmediato intensos sentimientos de deseo y sed por la redención, hasta estallar instantáneamente en una plegaria: “que pronto se revele, Amén, que así sea Su Voluntad”.

(Likutei Sijot Tomo 28, Pág. 181)

NOTAS AL PIE
1. Hiljot Pará Adumá Cáp.3
2. Y en esto difiere este agregado, en el “Iad HaJazaká”, del agrega en el Comentario del Rambam a las Mishnaiot (Sanhedrín), y así también en Igueret Teimán- “que pronto se revele”.
ADAPTADO DE LA ENSEÑANZAS DEL REBE DE LUBAVITCH
Extraído de Shuljan Shabat, originalmente publicado en Sijat Hashabua, traducido por “La reflexión semanal”

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