Big Bang en el monte Sinaí

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Imagina lo que debe haber sido vivir en los tiempos pre bíblicos donde los valores que prevalecían incluían el infanticidio, el sacrificio humano y la adoración de ídolos. Era un mundo en gran medida caótico, carente de moral, donde los poderosos y los bárbaros reinaban.

Luego —hace aproximadamente 3.300 años—, los judíos se pararon a los pies del monte Sinaí y ¡Bang! En el transcurso de una revelación, la humanidad adquirió un código divino que difundió rápidamente los ideales revolucionarios de santidad, justicia, compasión, familia, educación y paz.

Durante milenios, varias religiones influyentes —principalmente el cristianismo y el islam— ayudaron a arraigar firmemente los valores de la Torá en la conciencia humana.

Y así como el universo físico se expande desde su momento seminal, así también el Big Bang espiritual del Sinaí resuena hoy. Con la fundación de los Estados Unidos la voz del Sinaí hizo eco en los ideales de “todos los hombres son creados iguales”; “creemos en Dios”; “proclamar libertad en la tierra”. Estos son los fundamentos de la civilización y emanan directamente de la declaración de Génesis 1:27 de que cada ser humano es “creado a imagen de Dios”.

Las palabras de los mayores líderes, historiadores y filósofos de la historia, incluyendo presidentes estadounidenses desde John Adams (“Voy a insistir en que los hebreos han hecho más para civilizar al hombre que cualquier otra nación”) hasta Lyndon Johnson (“Nuestra sociedad está iluminada por las ideas espirituales de los profetas hebreos”), dan testimonio del efecto profundamente poderoso del Sinaí.

El imperativo

La festividad de Shavuot, que marca la experiencia del Sinaí, presenta una oportunidad única para acceder al poder espiritual sin igual de la Torá.

Cada fiesta judía requiere una preparación intensa (antes de Sucot construimos la sucá y obtenemos las cuatro especies, antes de Pésaj limpiamos la casa y preparamos el Séder), y así también el nombre mismo de esta fiesta (shavuot significa ‘semanas’), alude al esencial período de siete semanas de preparación que la antecede. A través de un proceso de introspección, obtenemos un nuevo nivel de claridad y compromiso en cuatro ámbitos fundamentales:

(1) Aceptación

En la experiencia del Sinaí, cada judío se paró humildemente en un desierto estéril, frente a una humilde montaña, y todos juntos al unísono declararon: “Naasé venishmá”, con mucho gusto aceptamos la Torá, a ciegas.

Hoy en día demostramos nuestra aceptación de la Torá a través de un compromiso de estudiar su palabra, día y noche. En los tiempos modernos en particular, con la inmensa cantidad de distracciones que hay, el constante y apasionado estudio de la Torá es nuestra mejor oportunidad para tomar las decisiones correctas.

(2) Observancia

Más allá de meras “obligaciones”, las 613 mitzvot —definidas por Dios como ‘las instrucciones para la vida’— ejercen un efecto práctico observable sobre nuestras vidas. Por ejemplo:

  • Shabat: nuestro descanso semanal; nuestro seminario de recuperación que ejerce una fuerza centrífuga de ‘tiempo de calidad’ que une a las familias y a la comunidad.
  • Kashrut: infunde un sentido de autodisciplina para toda la vida, lo que nos ayuda a elegir placeres humanos más elevados por sobre el deseo constante de gratificación instantánea.
  • Mikve y leyes asociadas: infunden una nueva vitalidad, aprecio y cercanía en la vida matrimonial.

(3) Compartiendo

Aquellos que aman a Dios y la Torá, sienten un deseo natural de compartir estas ideas con los demás.

La Torá no fue entregada a individuos, sino a una nación, enseñándonos que los niveles más altos de cumplimiento son alcanzables sólo como un grupo.

El mensaje judío es totalmente universal. Cualquier persona puede unirse al club, y cada ser humano que se comporta con rectitud tiene un lugar asegurado en el Cielo.

(4) Unidad

Por último, la Torá es el unificador por excelencia. La unidad es un requisito previo para recibir la Torá, como vemos en Éxodo 19:2: “El pueblo judío acampó en Sinaí como una sola persona con un solo corazón”. Sólo si nos vernos a nosotros mismos como partes de un todo orgánico, entonces, dicho organismo podrá prosperar.

Sin embargo, a pesar de las muchas similitudes entre material/espiritual, un Big Bang no es como el otro.

El Big Bang cosmológico fue un evento único, y ninguna intervención humana lo podrá afectar.

Por otra parte, la influencia del Sinaí es una voz constante, invitándonos a cada uno de nosotros a elegir la Torá.

El estudio de la Torá y la observancia son un acto de auto descubrimiento.

La Torá no es un texto abstracto y enigmático, sino que proporciona todo lo que necesitamos para vivir una vida sana.

Al guiarnos y dirigirnos constantemente hacia nuestra misión de vida única, el estudio de la Torá y la observancia son un acto de auto descubrimiento.

En Shavuot, nos quedamos despiertos toda la noche sumergidos en el estudio, celebrando este Big Bang espiritual, y declarando que la Torá —así como el agua— es la fuerza esencial de vida.

Es algo por lo que vale la pena quedarse despierto toda la noche.

 

 

POR RAV SHRAGA SIMMONS

 


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