PARASHÁ DE LA SEMANA: SHOFTÍM
LECTURA DE LA TORÁ PARA ESTA SEMANA: DETEURONOMIO 16:18 – 21:9
HAFTORAH: ISAÍAS 51:12 – 52:12

Ama a tu Hermano Judío

Rabí Israel Baal Shem Tov (1698-1760), el fundador del jasidismo, se quedó huérfano de su padre, Rabí Eliezer, a la edad de cinco años. Las últimas palabras que le dijo su padre antes de morir fueron: “Isrolik, Temer sólo a Di-s. Amar a todos y cada uno de los judíos, sin excepción, con toda la profundidad de tu corazón y con el fuego de tu alma, no importa quién es ni cómo se comporta”.

Las últimas palabras de su padre no sólo moldearon la vida personal del Baal Shem Tov, como se desprende de las innumerables historias de los extremos a los que llegó para ayudar y elevar a los demás, sino que, de hecho, sirven como piedra angular en el movimiento revolucionario y la filosofía que él fundó, conocida como jasidismo.

“Ama a tu prójimo como a ti mismo” no era una idea nueva descubierta en 1703. Es un versículo de la Torá, que forma parte de nuestro patrimonio en los últimos 3.300 años. Y 1.600 años antes de que el Baal Shem Tov naciera, los sabios de la Mishná hicieron hincapié en que esta mitzvá es “una regla cardinal en la Torá.”

La revolución del Baal Shem Tov no estaba en el descubrimiento de esta verdad universal, sino en el fondo “del corazón y el fuego del alma” que puso de manifiesto dentro de esta mitzvá profunda, que cambió la cara del judaísmo de todos los tiempos por venir.

¡¿Amar al Otro Como a ti Mismo?!

Realmente amar a alguien más como a ti mismo es la antítesis de la naturaleza humana. En palabras de un pensador judío medieval, “El corazón humano no puede asumir la responsabilidad de amar a otro con el mismo amor que uno tiene por sí mismo”. Esto llevó a muchos comentaristas bíblicos a no interpretar el versículo en el sentido literal, sino más bien, que la mitzvá se relaciona más con la práctica que con la emoción, nos da instrucciones para tratar a los demás favorablemente y buscar lo mejor para ellos en todos los sentidos —como lo harías por ti mismo.

Lo anterior es cierto, los maestros jasídicos explican, sólo si uno ve al otro judío como “alguien más”. Pero, en verdad, “… todos ellos tienen un padre. Es a causa de esta raíz común en el Di-s Único que todos los de Israel son llamados “hermanos” —en el pleno sentido de la palabra, sólo los cuerpos son distintos unos de otros”.

La cita anterior del Tania, el texto fundamental en el pensamiento jasídico, señala el hecho de que la Torá declara en relación con los judíos: “Ustedes son hijos de Di-s” Como hijos de un padre, también cada alma judía proviene de una fuente común, Di-s mismo, y dentro de su origen lo convierten en una entidad singular. Es a causa de esta raíz común en el Di-s Único que todos los de Israel son llamados “hermanos —en el pleno sentido de la palabra,” literalmente, no en sentido figurado.

¿A Quién Amar?

Este enfoque cambia no sólo la profundidad del amor que son capaces de cultivar, sino también los parámetros de los cuales podemos llegar a amar así.

Si la premisa del amor es la fuente común que comparten todas las almas, y no la atracción de las cualidades únicas que vemos en otro, se deduce entonces que este amor puede y debe ser aplicado a cualquier persona en posesión de un alma. En palabras del Baal Shem Tov: “Uno debe tener total abnegación y dedicación para amar al prójimo, incluso frente a un judío que uno nunca ha visto”

El período de la historia en el que el Baal Shem Tov nació era muy sombrío para los judíos de Europa del Este. La comunidad judía había sido físicamente diezmada por los cosacos de Chmielnicki en 1648-9, algunos calculan las muertes judías en sus manos aproximadamente en 100.000, y espiritualmente con la decepción y la desesperación surgidas como consecuencia del falso Mesías, Shabtai Zvi. Para colmo de males, los musulmanes y los cristianos se burlaban de los judíos y los despreciaban.

Para los judíos simples e ignorantes la situación fue particularmente difícil. Dentro de las comunidades judía, los eruditos y los ricos se distanciaron de los ignorantes y analfabetos, en algunas sinagogas incluso los segregaban a una habitación contigua fuera del santuario principal.

Reconociendo su desesperación y espíritus quebrantados, el Baal Shem Tov convirtió en su misión el revivir a estos preciosos judíos. Viajaba de pueblo en pueblo, se reunía con los judíos en los mercados y cualquier lugar donde los encontraba, y contaba historias para inspirarlos y elevarlos. Aunque el Baal Shem Tov mismo era un erudito talmúdico y cabalista monumental, trató de captar a la más simple de las personas y transmitirle el mensaje de que su servicio simple a Di-s era tan precioso a Di-s como el estudio de la Torá del erudito y estudioso.

El Amor a Di-s

Las leyes de la Torá abarcan tanto la relación entre el hombre y Di-s (por ejemplo, las leyes del Shabat y kosher) y la relación entre un hombre y otro (por ejemplo, las leyes que rigen las prácticas comerciales justas). En el pensamiento judío tradicional, la pasión que impulsa los esfuerzos en estas dos áreas distintas, son las dos órdenes de la Torá: “Amarás al Señor, tu Di-s” y “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

El Talmud cuenta la historia de un gentil que se acercó al sabio Hillel y declaró su deseo de convertirse al judaísmo, pero sólo si Hillel le enseñaba toda la Torá ¡mientras él se paraba en un solo pie! Hillel respondió: “Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tus semejantes. Esa es toda la Torá, el resto es comentario, pero…”. En otras palabras, toda la Torá en las áreas descritas anteriormente —no son sino” comentario “a la mitzvá de amar al prójimo.

Los comentaristas talmúdicos lidian con esta idea. Mientras que “Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tus semejantes” puede ser fácilmente interpretado como la base de las leyes que rigen la relación entre el hombre y su prójimo, ¿cómo podría ser esta norma la base sobre la que descansan los preceptos que se encuentran entre el hombre y Di-s?

En las enseñanzas del Baal Shem Tov, sin embargo, el amor a otro judío y el amor a Di-s no son exclusivos. Por el contrario, el Maguid de Mezeritch, el sucesor del Baal Shem Tov, relató que “El Rebe [Baal Shem Tov] frecuentemente observaba que amar a un judío es amar a Di-s. Porque está escrito: “Ustedes son hijos de Di-s”, cuando uno ama al padre, ama a sus hijos…”.

En otras palabras, para el que verdaderamente busca el amor a Di-s, sería imposible no querer a todos y cada uno de sus hijos. ¿Cómo podría uno amar Di-s, si no ama a los que son más amados por Él, a sus hijos?

(Esta idea, una vez más, subraya el imperativo de amar a cada judío-sin distinción, pues ningún judío es menos hijo de Di-s que otro)

Por otra parte, el Baal Shem Tov enseñó, así como el amor de Di-s no está reservado para el alma del judío y sus preocupaciones espirituales, sino que también se extiende a su cuerpo y las necesidades materiales, así también nuestro amor hacia “aquellos que son amados por nuestro amado” debe ser más que un ejercicio espiritual. El amor debe expresarse en una auténtica preocupación por las necesidades materiales de otro. Tanto es así, dijo el Baal Shem Tov, que “un alma puede descender a este mundo y vivir setenta u ochenta años, sólo para hacer a un judío un favor material, y ciertamente uno espiritual”.

POR BARUCH S. DAVIDSON
Baruch S. Davidson es miembro del equipo de “Pregunte al rabino” de Jabad.com

¿Qué tan útil fue esta publicación?

¡Haz click en una estrella para puntuarla!

Puntuación promedio / 5. Recuento de votos:

Como has encontrado útil esta publicación ...

¡Compártelo con tus amigos en las redes sociales!

Lamentamos que esta publicación no haya sido útil para usted!

¡Mejoremos esta publicación!


¡Mantengamonos Conectados!
¡Mantengamonos Conectados!
Suscríbete al boletín para mantenerte informado de cambios y nuevas actualizaciones ademas de tiempo en tiempo un especial sobre la parashá.
Puedes darte de baja en cualquier momento.