“Sacrificio” no es una palabra que se oye muy a menudo en estos días. Parece que ha desaparecido de nuestro léxico. Suena negativo, como repartir algo preciado o perder algo grande. Nadie está haciendo fila para ser el “cordero sacrificado”. Suena mal al oído moderno.

Durante las últimas décadas, la “autorealización” y la “autoestima” son necesarias en nuestras vidas. Se da por entendido que buscar el primer puesto es la prioridad absoluta en el negocio de la vida. Aunque recientemente el martirio se ha tornado popular en ciertas culturas, los Occidentales no están buscando ser mártires y los “sacrificados” son reliquias anticuadas, lastimosas de una era pasada.

Tomemos el caso de las madres judías. Esas almas amorosas y generosas, que han sido halladas y declaradas culpables de sofocar a sus niños. “¡Ella me exigió Escuela de Medicina o nada!” “¡Ella me forzó- me alimentó con sopa de pollo-intravenosa!” Famosos novelistas judíos han hecho millones denunciando a sus madres al mundo.

Mientras que puede haber un elemento de verdad en la noción de que los padres judíos, a veces, pueden ser dominadores o un poco demasiado insistentes, yo aventuraría a sugerir que los sacrificios de nuestros padres, y sobre todo de nuestras madres, los han hecho acreedores dignos de nuestro respeto y gratitud eterna, en lugar de nuestro reproche por todas nuestras neurosis.

Pienso que si somos objetivos, tendríamos que admirar y sostener como un icono a cualquier ser humano que pone el bienestar y felicidad de otros sobre el propio. ¿Por qué tal desinterés y sacrificio son admirables en los héroes de otras naciones y movimientos de libertad, pero desdeñoso en nuestras madres? Ciertamente, los éxitos de hijos e hijas judíos deben tener mucho que ver con las personas que los tuvieron y criaron. Es un milagro moderno que una generación de inmigrantes judíos sin dinero es directamente responsable por la fácil integración de su descendencia en el “nuevo mundo” y sus notables logros, virtualmente en cada esfera de la vida contemporánea. Simplemente, no podría haber sucedido si no fuera por los enormes sacrificios y el total compromiso de los padres con sus hijos.

Pero eso era entonces. Hoy tenemos un enfoque más instruido. “Necesito mi espacio”. “No puedo estropear mi propia vida por causa de mis hijos- necesito mis propias oportunidades para la autoexpresión y satisfacción personal”.

Todas las necesidades son válidas y las metas dignas. Pero demasiado a menudo parecemos llevarlo demasiado lejos. ¿Por qué una mujer que ha decidido que quiere ser la mejor madre para sus hijos, debe sentirse inadecuada si deja su carrera o incluso la deja en espera? ¿Si ella siente genuina satisfacción al ver bien nutridos a sus niños, independientes, moral y orgullosamente judíos, es acaso una ocupación menos digna de su tiempo que servir al éxito de alguna compañía multinacional?

Una vez hace tiempo, maridos y esposas no salían cada sábado de noche. Pero estaban el uno por el otro en las buenas y en las malas. Hace tiempo, cada padre en su tiempo libre, llevaba a sus niños a las actividades extracurriculares.

Hoy tenemos nuestras propias actividades extra-curriculares: gimnasio, golf, bridge, manicura yclaro- el terapeuta. De hecho, puede ser que la razón por la que nuestros terapeutas están teniendo tanto trabajo es porque estamos tan ocupados con nosotros mismos y pensamos demasiado acerca de nosotros. “Tengo sobrepeso, soy incapaz, estoy insatisfecho, estoy deprimido…”.

Si pasáramos más tiempo pensando en otros -sea en nuestras propias familias o la comunidad- podríamos estar mucho mejor emocionalmente y bastante más saludables. El Judaísmo enseña que el sacrificio y el desinterés son rasgos de carácter para respetar, admirar y esperanzadamente emular. La Yidishe Mamedel pasado será una heroína eterna para nuestro pueblo. Dejemos de ser obsesivos con nosotros y nuestra propia satisfacción y comencemos a pensar para qué nos necesitan en este mundo. Por favor Di-s, así podremos mantener nuestro equilibrio social y familiar en una carga distribuida.

¡Que los sacrificios que hacemos y el cuidado y entrega que brindamos nos traigan también la bendición de verdadero najas y la máxima satisfacción personal!

POR YOSSY GOLDMAN
El rabino Yossy Goldman nació en Brooklyn, New York en el seno de la comunidad de Jabad. En 1976 fue enviado por el Rebe de Lubavitch para servir como Shaliaj en la comunidad de Johannesburg, South Africa. Es el rabino principal de la sinagoga Sydenham Highlands North Shul desde 1986, Y presidente de la South African Rabbinical Association.

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