”No quiero endulzar la verdad. Tienes leucemia y la situación no se ve bien”

Esas no eran las palabras que esperaba escuchar del Dr. Jonathan Canaani en septiembre del 2017 en el hospital Tel HaShomer. Estaba internado, mi hemoglobina era 5,5 cuando lo normal es entre 13,5 y 17. Cuando me diagnosticaron con Leucemia mieloide aguda, para mi esposa y para mí lo más difícil fue decírselo a mi madre y a nuestros seis hijos.

Después de dos rondas de quimioterapia me dijeron que tenía que ponerme en contacto de inmediato con mi hermano o mi hermana porque necesitaba un trasplante de médula ósea. “No tengo hermanos, soy hijo único”, murmuré.

Los médicos se mostraron pesimistas y dijeron que la probabilidad de encontrar un donante adecuado de médula ósea era de 1 en 15 millones y el tiempo no estaba de mi lado. También dijeron que al recibir la médula de un extraño no había manera de que fuera 100% compatible. El rango podía estar entre el 50% y el 90%. Mi cuerpo sería forzado a aceptar la nueva médula ósea, para lo que precisaría recibir medicación por el resto de mi vida. Me sentía completamente indefenso.

Mis amigos, parientes y muchas comunidades judías se pusieron en acción. Arreglaron comidas, visitas al hospital día y noche, juntaron dinero y elevaron plegarias y Salmos en mi beneficio.

En el hospital con nuestra hija

No era la primera vez que enfrentaba la muerte. Estuve involucrado en graves accidentes automovilísticos de los que salí con unos pocos raspones y rasguños. Al observar mi vida vi claramente cómo Dios respondía mis plegarias. ¿Acaso había empezado a tomar todo como algo obvio? ¿Una parte de mi ser se estaba alejando de Dios?

Bueno, ahora no había forma de que pudiera ignorarlo. Pero, ¿tenía las fuerzas necesarias para rezar y pedir misericordia Divina después de experimentar la muerte de mi padre?

Recordé cuánto nos amábamos con mi padre, cuanto amaba a mi esposa y a mis hijos, un amor que parece ser infinito, interminable. Entonces comprendí: todo ese amor ni siquiera llegaba a acercarse al amor que Dios tiene por mí. En ese momento, acostado en la cama del hospital, le dije a Dios: “Te voy a amar hasta mi último respiro, nada que decretes va a poder cambiarlo”. Entonces me dormí tranquila y profundamente.

Algunos días más tarde, mi esposa me llamó y me dijo que una organización llamada Ezer MiTzión había encontrado en Israel un donante de médula ósea de 18 años, cuyo ADN era 100% compatible. Los médicos no lo podían creer.

Pensé: ¿Esto realmente está sucediendo? No puede ser real, es demasiado bueno para ser cierto. ¿Dios de veras va a brindarme un regalo tan maravilloso? Quizás era demasiado pronto para alegrarse.

Después de una última ronda de quimio, estaba listo para recibir las células madres del donante que crecerían para convertirse en médula ósea. Me las inyectarían por vía intravenosa a través de mi brazo y llevaría apenas 20 minutos.

Era diciembre del 2017, durante la festividad de Jánuca, una época de milagros, cuando el equipo médico me dijo que por lo general recolectaban entre 5 y 6 millones de células madres, pero que de alguna manera habían logrado recoger 9,5 millones. “Y todavía hay más buenas noticias. ¡Tienen una calidad superior! ¡En una escala de 1 a 10, estas células madres son un 10+! ¿Te das cuenta cuán afortunado eres?”

“No, no es suerte, Es un regalo de Dios, ¿acaso no lo pueden ver?”, les pregunté

“¡Sí, yo lo veo claramente!”, me dijo una de las enfermeras. Sus palabras me llevaron los ojos de lágrimas.

Como paciente externo, mi primer examen de médula ósea fue con la Dra. Noga Shem Tov. Ella me dijo que no sabía cuánto de la médula ósea aceptaría mi cuerpo y que en algunos casos puede ser rechazada a pesar de ser 100% compatible. “Si queda incluso una huella de 1% de leucemia en la médula ósea, tendremos que comenzar todo el proceso de cero”.

Ella también me advirtió que la nueva médula ósea podía llegar a atacar mis órganos y que la quimioterapia pudo haber provocado daño al corazón o a los riñones. Finalmente concluyó: “Tu hemoglobina nunca será mayor a 10 porque no es tu propia médula ósea”.

Gracias a Dios los resultados del primer examen indicaron que mi cuerpo aceptó 100% la nueva médula ósea. Estaba en completa remisión; no quedaba ningún rastro de la leucemia y mi hemoglobina era 11,25.

Tres meses más tarde, el segundo examen de médula ósea reveló que continuaba una aceptación del 100% y que seguía en completa remisión. Mi hemoglobina promedio era 12,25. En este momento sigo en completa remisión y mi hemoglobina promedio es de 15,5. No hubo complicaciones, ni daños a ningún órgano ni infecciones. La Dra. Shem Tov me dijo que gran parte de esto tiene que ver con “Tu amigo en el Cielo”.

“Él no es sólo mi Amigo. Él es nuestro Padre”, le dije.

Sigo recibiendo pequeñas dosis de quimio como medida preventiva porque la leucemia que tenía cuenta con un alto riesgo de regresar. Pero todos son optimistas y yo estoy más que agradecido a Dios por sus continuos y afectuosos milagros y agradezco a Ezer MiZTión por ser un invaluable mensajero de Dios.

Con mi esposa ahora entendemos cuán delicada y valiosa es la vida. Aprendimos la importancia del amor, de la risa y la aceptación. Siempre les decimos a nuestros hijos: “¿Verdad que lo mejor que uno puede tener es amor?”. También efectuamos serios cambios en nuestra dieta. Paso a paso, bocado a bocado, vamos reconstruyendo nuestros cuerpos. Literalmente hemos visto un milagro y nunca esperamos algo así. Porque sin importar lo que ocurra, una vida llena de amor en verdad es algo muy simple y muy hermoso.