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- Judaísmo en Español

Likutei Amarim Capítulo 29

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PARASHÁ DE LA SEMANA: PESAJ
LECTURA DE LA TORÁ PARA 2 DIA DE PESAJ (DOMINGO): LEVITICO 22:26 – 23:44; NUMEROS 28:19-25 HAFTORAH: II DE REYES 23:1-9; II DE REYES 23:21-25
FESTIVIDAD: PESAJ (19 AL 27 DE ABRIL DE 2019)

Tiempo de Lectura: 8 minutos

Aquellos cuyas almas están en el nivel de beinoním deben buscar medios para combatir otra dificultad más. Ocasionalmente, y aun frecuentemente, experimentan una pesadez de corazón (timtúm halev), como si éste se hubiera transformado en piedra y, por más que [este individuo] lo intente, no logra abrir su corazón en plegaria, que [por definición] es el “servicio del corazón”. Además, en determinados momentos la pesadez de su corazón le impide luchar contra el Impulso [al Mal] santificándose en las cosas permitidas.

En este caso, el consejo del santo Zohar es como dijera el presidente de la academia del Gan Edén: “Una viga de madera que no prende fuego debe ser astillada…, [y similarmente,] un cuerpo en el cual no penetra la luz del alma debe ser machacado”.

La referencia a la “luz del alma” [que, en este caso, no penetra en el cuerpo,] significa que la luz del alma y el intelecto no brilla lo suficiente como para predominar sobre la hosquedad del cuerpo. Así, aunque comprende y medita en su mente acerca de la grandeza de Di-s, aquello que comprende no es absorbido e implantado en su mente lo suficiente como para permitirle superar la hosca aspereza del corazón, a causa del grado de su hosquedad y aspereza.

La causa [de esta deficiencia] es la arrogancia de la kelipá [del Alma Animal], que se exalta por encima de la santidad de la luz del Alma Divina, de modo que oculta y oscurece su luz. Por eso se la debe machacar y derribar al suelo. Esto es, fijar momentos específicos para humillarse a sí mismo y considerarse “despreciable y aborrecible”, como está escrito. Ahora bien, “un corazón quebrantado [lleva a] un espíritu quebrantado”, y el “espíritu” es la sitrá ajará que, en el caso de los beinoním, es el hombre propiamente dicho. Porque el alma vital que anima el cuerpo conserva la plenitud de su poder en su corazón tal como era al nacer, de modo que es el mismísimo hombre. Y respecto del Alma Divina dentro de él, se dice: “El alma que Tú has dado dentro de mí es pura”. [Las palabras] “dentro de mí” implican que la persona misma [que las está diciendo] no es el “alma pura”, salvo en el caso de los tzadikím. En ellos es a la inversa: el hombre mismo es el “alma pura”, es decir, el Alma Divina, mientras que sus cuerpos son denominados “la carne del hombre”.

Fue en este sentido que Hilel el Anciano, cuando iba a comer, decía a sus discípulos que iba a hacer un favor al “menospreciado y pobre”, su cuerpo. El consideraba su cuerpo como una cosa ajena, y por eso dijo que le estaba haciendo un favor al darle de comer. Porque él mismo no era otra cosa que el Alma Divina. Ella sola animaba su cuerpo y su carne, porque en los tzadikím el mal que estaba en el alma vital investida en su sangre y carne había sido transformado en bien y absorbido realmente en la santidad del Alma Divina.

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Sin embargo, en el beinoní, puesto que el ser y la esencia del Alma vitalizadora Animal —proveniente de la sitrá ajará— que se inviste en su sangre y carne no ha sido transformado en bien, es ese, [el Alma Animal,] realmente, el hombre mismo.

De ser así, él está alejado de Di-s con el máximo distanciamiento. Porque el impulso de pasión de su Alma Animal es capaz de ansiar incluso cosas prohibidas, contrarias a la Voluntad de Di-s. A pesar de que él no desea hacerlas en la práctica real, Di-s libre, no obstante, no le son verdaderamente repulsivas, como lo son para los tzadikím, como se explicara previamente [en el cap. 12]. En esto es peor y más repulsivo y abominable que los animales impuros, los insectos y los reptiles, como se mencionara antes, y como está escrito: “Mas yo soy un gusano, y no un hombre…”. [Y aun cuando su Alma Divina se fortalece dentro de él para despertar su amor a Di-s durante la plegaria, [este predominio del Alma Divina] no es plenamente verdadero, pues es transitorio y se desvanece después de la plegaria, como se mencionara antes, al final del cap. 13].

Más aún cuando recuerde la contaminación de su alma con el pecado juvenil y la mácula que [con ello] ha producido en los [mundos] superiores, donde todo está por encima del tiempo y es como si se hubiera mancillado e impurificado en este mismísimo día, Di-s libre. Aunque ya se haya arrepentido con sinceridad [retirando con ello la mancha habiéndose purificado], la esencia del arrepentimiento está en el corazón, y en el corazón hay muchos rangos y niveles. Además, todo depende de qué clase de hombre es, y del tiempo y lugar [en que está ahora], como saben los conocedores. En consecuencia, ahora, en este momento, cuando al observarse a sí mismo ve que “la luz del alma no penetra en él”, es evidente que, a) su arrepentimiento no ha sido aceptado y sus pecados todavía lo marginan [de Di-s], o b) se desea elevarlo a un nivel de arrepentimiento más sublime, proveniente de un punto más profundo de su corazón [que el arrepentimiento anterior]. Por eso dijo el Rey David: “Mi pecado está ante mí constantemente”.

Incluso aquel que es inocente de los graves pecados juveniles [pero desea de todos modos lograr un espíritu quebrantado], que disponga su corazón para cumplir el consejo del sagrado Zohar — de ser un “amo de cuentas”. O sea, hacer una evaluación de su alma respecto de todos los pensamientos, declaraciones y acciones que han ido y venido desde el día en que fue llamado a ser hasta el presente. ¿Eran todos del plano de la santidad, o del plano de la impureza, Di-s libre? Esto [último] incluye [también] todo pensamiento, palabra o acción que no estaba dirigida hacia Di-s, Su Voluntad y Su servicio [aun cuando no sean pecaminosos en la práctica], ya que éste es el significado de la expresión “sitrá ajará”, como se explicara previamente [en el cap. 6]. Ahora bien, es sabido que en cada ocasión en que la persona tiene pensamientos santos, se transforma, durante ese tiempo, en una “carroza” para las “cámaras” (heijalot) de santidad, de donde se originan estos pensamientos, [o, más precisamente, donde se origina su vitalidad]. Así también a la inversa, [cuando tiene pensamientos impuros] se transforma en un “vehículo” impuro para los heijalot de impureza, de donde se originan todos los pensamientos impuros. Lo mismo, también, [ocurre] con la palabra y la acción.

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Que [para humillar su espíritu] prosiga considerando sus sueños. En su mayoría, son “vanidad y aflicción del espíritu”, porque su alma no asciende a lo alto, [hacia el Cielo, durante su sueño] — como está escrito: “¿Quién ascenderá a la montaña del Di-s […]? Aquél que tiene manos limpias y un corazón puro”. [También,] “Aquellos que se originan del ‘lado malo’ vienen y se unen a él y le informan en sus sueños de las cuestiones mundanas… y a veces se burlan de él y le muestran cosas falsas y lo atormentan en su sueño”, etc., como lo declara el Zohar sobre Vaikrá [folio 25, a y b]. Véase allí, en detalle.

Cuanto más tiempo medite sobre estos asuntos, tanto en su propio pensamiento como ahondando profundamente en los libros [que hablan de estas cuestiones], a fin de quebrantar su corazón dentro de sí y volverse despreciado y aborrecido a sus propios ojos, como está escrito [en las Sagradas Escrituras4], tan totalmente despreciado que aborrece su propia vida, tanto más aborrece y desprecia con ello la sitrá ajará, derribándola al suelo y derrocándola de su altanería, soberbia y engreimiento con que se alza sobre la luz de la santidad del Alma Divina, oscureciendo su luminosidad.

Que también brame contra ella con voz potente y furiosa, a fin de humillarla, como lo indican nuestros Sabios: “Que la persona siempre incite la ira del Impulso al Bien contra el Impulso al Mal, como está escrito: ‘Encolerizad, y no pequéis'”. Esto significa que la persona debe encolerizarse —en su mente— contra el Alma Animal, que es su impulso al mal, con voz de estruendosa indignación, diciéndole: “Efectivamente, tú eres en verdad perverso y malvado, abominable, repugnante y vergonzoso”, y así sucesivamente, usando todos los epítetos con los cuales los Sabios lo han denominado. “¿Hasta cuándo oscurecerás la luz del bendito Ein Sof, que permea todos los mundos; que fue, es y será el mismo, incluso en el mismísimo lugar sobre el que estoy, tal como la luz del bendito Ein Sof estaba sola antes de que el mundo fuera creado — sin cambio alguno; como está escrito: ‘Yo, Di-s, no he cambiado’, porque El trasciende el tiempo, etc.? ¡Pero tú, repulsivo (etc.), niegas la verdad que es tan visible, que todo es realmente como nada en Su presencia, [una verdad tan aparente como para ser] ‘visible al ojo’!”

De esta manera ayudará a su Alma Divina, iluminando sus ojos para percibir la verdad de la unidad de la luz [infinita] del Ein Sof como si fuera con la vista física, y no meramente mediante la [percepción menor de la] “audición” y la comprensión. Porque, como se explicara en otra parte, éste es el eje central de todo el servicio [Divino].

El motivo [de que humillar el espíritu de la sitrá ajará es efectivo para aplastarla] es que en verdad en la sitrá ajará no hay substancia alguna. Por eso se la compara a la oscuridad, que no tiene substancia alguna, y es automáticamente suprimida con la presencia de luz. Lo mismo [ocurre] con la sitrá ajará. Si bien posee abundante vitalidad para animar todos los animales impuros y las almas de las naciones del mundo, y también el Alma Animal del judío, como ha sido explicado, esta vitalidad no es propia, Di-s libre, sino que proviene del plano de la santidad, como ha sido explicado previamente. Por eso se anula totalmente en presencia de la santidad, tal como la oscuridad se anula en presencia de la luz física. [Su poder radica] sólo [en el hecho de que] con respecto a la santidad del Alma Divina del hombre, Di-s le ha dado [a la sitrá ajará] licencia y capacidad de alzarse contra ella, [contra el Alma Divina,] para que el hombre se estimule a superarla y humillarla por medio de la humillación y la sumisión de su espíritu y por ser aborrecido y despreciado a sus propios ojos [con lo que humilla la sitrá ajará y la aborrece]. El estímulo del hombre aquí abajo [para aplastar la sitrá ajará] produce un estímulo en lo Alto, para cumplir lo que está escrito: “De allí Yo te derribaré, dice Di-s”. Esto significa que El la priva de su dominio y poder, y retira de ella la fuerza y autoridad que le había sido concedida para alzarse contra la luz de la santidad del Alma Divina. Entonces, automáticamente, es anulada y eliminada, tal como la oscuridad es anulada por la luz física.

De hecho, observamos esto explícitamente indicado en la Torá en conexión con los Espías [que Moshé enviara para espiar la Tierra Santa]. Al comienzo ellos dijeron: “Porque él [—el enemigo—] es más fuerte que nosotros”, [e interpretando la palabra mimenu/ממנו, los Sabios han dicho:] “No leas ‘que nosotros’, [sino ‘que El’]”, es decir, no tenían fe en la habilidad de Di-s [para conducirlos a la Tierra Santa]. Pero luego se retractaron y anunciaron: “Gustosos subiremos [para conquistar la Tierra Santa]”. ¿De dónde les volvió su fe en la habilidad de Di-s? Nuestro maestro Moshé —sea sobre él la paz— no les había mostrado en el ínterin ningún signo o señal al respecto [que podría haberles devuelto la fe]. Sólo les había dicho que Di-s estaba enojado con ellos y había jurado no llevarlos a la Tierra [Prometida]. ¿Qué valor tenía esto para ellos, si no creían —Di-s libre— en la capacidad de Di-s de someter los treinta y un reyes [que reinaban entonces en el país], razón por la cual no tenían deseo alguno de entrar en la Tierra?

Seguramente, entonces, [la explicación es] que los Israelitas mismos son “creyentes, [siendo] descendientes de creyentes”. [Ellos profesaban su falta de fe en la capacidad de Di-s] sólo porque la sitrá ajará investida en su cuerpo [como su Alma Animal] se había alzado contra la luz de la santidad de su Alma Divina, con su [característicamente] descarada arrogancia y altanería, sin sentido ni razón. Por eso, en cuanto Di-s Se enojó con ellos y tronó encolerizado: “¿Hasta cuándo tendré que tolerar a esta congregación malvada… Vuestros cadáveres caerán en este desierto… Yo, Di-s, he hablado: De seguro lo haré a toda esta congregación malvada…” — su corazón se humilló y se quebrantó en su interior cuando escucharon estas severas palabras, como está escrito: “Y el pueblo guardó gran luto”. En consecuencia, la sitrá ajará se derrumbó de su posición de dominio, de su altanería y de su arrogancia. Pero los Israelitas, por sí mismos, habían tenido fe en Di-s [en todo momento].

De esto, [el episodio de los Espías,] cada persona en cuya mente se abaten dudas acerca de la fe en Di-s puede deducir que éstas no son más que palabras vacías de la sitrá ajará que se alza contra su Alma [Divina]. Pero los Israelitas, por sí mismos, son “creyentes…”. Además, tampoco la sitrá ajará misma tiene duda alguna acerca de la fe. Es sólo que se le ha dado permiso para confundir al hombre con palabras falsas y engañosas a fin de que pueda ser más ricamente recompensado [por dominarla]. [En esto es] similar a la [parábola de la] ramera que intenta seducir al hijo del rey con falsedad y engaño, con la aprobación del rey, como está escrito en el sagrado Zohar.

 

Extraído del libro Tania Completo, de la Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana
© Editorial Kehot Lubavitch Sudamericana. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de la Editorial. Derechos Reservados.

Sefira Ross es una diseñadora e ilustradora independiente cuyas creaciones originales adornan muchas páginas de Chabad.org. Residiendo en Seattle, Washington, sus días se pasan entre ilustraciones multitarea y ser madre.

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