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Judaísmo en Español

Palabras

El libro que Moshe escribió con sus propias palabras.

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PARASHÁ DE LA SEMANA: PESAJ
LECTURA DE LA TORÁ PARA 1 DIA DE PESAJ (SHABBAT): EXODO 12:21-51; NUMEROS 28:19-25 HAFTORAH: JOSUE 3:5-7; JOSUE 5:2 – 6:1-27
LECTURA DE LA TORÁ PARA 2 DIA DE PESAJ (DOMINGO): LEVITICO 22:26 – 23:44; NUMEROS 28:19-25 HAFTORAH: II DE REYES 23:1-9; II DE REYES 23:21-25
PROXIMA FESTIVIDAD: PESAJ (19 AL 27 DE ABRIL DE 2019)

Tiempo de Lectura: 4 minutos

Tenemos dos dimensiones en la Torá: una dimensión en que el contenido y “el envoltorio” se dan desde Arriba, y una dimensión en que la sabiduría y la voluntad Divina están envueltas en “nuestras propias palabras”.

Devarim quiere decir “Palabras”, y es el nombre de la parashá de esta semana -la primera que se lee en el Libro de Devarim, el quinto libro de la Torá. Por supuesto, toda la Torá –como nos fue comunicada a nosotros, seres terrenales–consiste en palabras; pero en el Libro de Devarim, la naturaleza de estas palabras es de capital importancia.

El Libro de Devarim es un discurso de Moshé de 37 días, comenzando el 1 de Shvat y termina el 7 de Adar–el día que Moshé falleció –en el año 2488 de la Creación (1273 de la Era Común). En su discurso, Moshé vuelve a narrar los eventos y leyes más importantes que se encuentran en los otros cuatro libros de la Torá. Así, el Libro de Devarim también se llama Mishné Torá, “la Repetición de la Torá” (de ahí su nombre anglo-latino, Deuteronomio, o “Segunda Ley”).

Técnicamente, Moshé escribió todos los cinco libros. Pero como explican nuestros Sabios, en los primeros cuatro libros, Moshé transcribió todo como él lo recibió de Di-s, mientras que en Devarim él lo dice “en sus propias palabras”. La distinción se ve claramente por el hecho de que los primeros cuatro libros están escritos en tercera persona (“Y Di-s habló a Moshé”), mientras que en Devarim escuchamos a Moshé en primera persona (“En ese momento, Di-s me dijo”, etc).

No obstante, Devarim pertenece a lo que llamamos la Torá Escrita, no sólo significa que el contenido sino también las palabras y las letras son de origen Divino. Nuestros Sabios explican que Moshé había renunciado totalmente su ego a Di-s, de modo que “la presencia Divina hablaba de su garganta”–las propias palabras de Moshé también son las propias palabras de Di-s.

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Como tal, el Libro de Devarim actúa como un puente entre la Torá Escrita y la Torá Oral. La Torá Oral incluye el Talmud y los Midrashim, los comentarios y los códigos, el Zohar y la Kabala, y “todo lo que un digno estudiante expondría ante su maestro”–todo lo que se ha producido en treinta y tres siglos de estudio de Torá, interpretando la Torá de acuerdo con la tradición del Sinai. En la Torá Oral que se genera en las mentes y gargantas menos humildes que la de Moshé, el contenido es Divino, pero las palabras y las letras son humanas –propias del hombre.

En otras palabras, tenemos dos dimensiones en la Torá: una dimensión en que el contenido y “el envoltorio” se dan desde Arriba, y una dimensión en que la sabiduría y la voluntad Divina están envueltas en “nuestras propias palabras”. Y luego tenemos el Libro de Devarim en que las dos convergen: un ser humano, Moshé, logra un nivel de identificación con la sabiduría y voluntad Divina, en que sus “propias palabras” están completamente en armonía con su contenido Divino–tanto en armonía, que son no menos que las palabras que Di-s dictó en los primeros cuatro libros.

De hecho, es del Libro de Devarim que fluye toda la Torá Oral. La absoluta identificación de Moshé con la sabiduría Divina lleva a nuestras propias almas -cada una de ellas con “una chispa del alma de Moshé”, a hacer lo mismo (aunque en un nivel menor): crear de “nuestras propias palabras” los receptáculos para la sabiduría Divina.

El Hombre hablador

Esto pasa, en cierto nivel, cada vez que abrimos la boca.

Los antiguos filósofos se refieren al ser humano como “el hablador” y nadie ha propuesto una denominación mejor todavía para nuestra “especie parlante”. Nosotros amamos hablar. Testigos de interminables conversaciones, charlas que nos sentimos obligados a “hacer”, cuatrillones de palabras liberadas cada día en cada uno de los medios de comunicación. ¿Por qué esta necesidad insaciable de poner todo en palabras, como si nada existiera de verdad hasta que se pueda encajar en un juego de sonidos emitidos humanamente?

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Porque, dicen los maestros jasídicos, no hay nada que el ser humano quiera más, que ser Di-s.

Di-s hizo: Él dijo la realidad en existencia. Dijo, “Haya luz” y hubo luz. Dijo, “Que las aguas…se junten en un área y que aparezca la tierra seca”, y se formaron océanos y continentes. Pero el hombre mira la creación de Di-s y la ve como algo todavía inacabado, sin definición. Así que hablamos y hablamos y hablamos, categorizando, cuantificando y calificando el mundo de Di-s, en un esfuerzo para darle significando y propósito.

Por supuesto que hay diferencias. Di-s es infinito y omnipotente; nosotros somos finitos y falibles. Di-s habló la luz en existencia; a nosotros nos han concedido el poder para hablar esa luz en una luminiscencia más brillante, más enfocada–pero preferimos hablarla hacia la oscuridad. Podemos verbalizar los continentes como países y provincias de una comunidad mundial productiva–o podemos hablar de animosidad y disputa.

Pero ese es el “socio en la creación” que Di-s deseó: un compañero que así como destruye, también crea. Un socio libre, independiente cuyas elecciones son totalmente propias–y por consiguiente totalmente su responsabilidad y totalmente su éxito. Porque Di-s quiso verdaderos socios en Su esfuerzo, no un manojo de empleados y mensajero (ya tenía suficientes de ésos cuando creó al hombre–se llaman “ángeles”).

Pasando al próximo nivel

Pero Di-s hizo más aun. No sólo sometió Su creación a sonidos humanos, también puso Su Torá–Sus propios pensamientos y deseos–en palabras humanamente reconocibles, y luego Nos invitó al proceso de poner en palabras Su Torá.

Porque si somos Sus socios, tenemos que estar en toda Su creación. Un verdadero socio no sólo hace su parte en el funcionamiento y el desarrollo del negocio–sino que él también participa preparando la misión, el modus operandi, las reglas y regulaciones.

Así que Di-s concedió a la mente y habla humana no solo un mandato para formar Su mundo, sino que también para participar en la formulación de la Torá–las leyes, el proyecto, el “código fuente” de creación.

Así nació Devarim, el Libro de Palabras.

El primero en recibir este mandato fue Moshé que lo cumplió tan bien, que su “contribución” se volvió uno de los cinco libros claves de la Torá. Y los logros de Moshé contienen las semillas para los futuros “socios humanos” en pos de la sabiduría Divina.

POR YANKI TAUBER
Yanki Tauber es editor de contenidos de Chabad.org

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