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- Judaísmo en Español

Yo creo, ¿y vos?

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PARASHÁ DE LA SEMANA: PESAJ
LECTURA DE LA TORÁ PARA 2 DIA DE PESAJ (DOMINGO): LEVITICO 22:26 – 23:44; NUMEROS 28:19-25 HAFTORAH: II DE REYES 23:1-9; II DE REYES 23:21-25
FESTIVIDAD: PESAJ (19 AL 27 DE ABRIL DE 2019)

Tiempo de Lectura: 3 minutos

Dice la Mishná en Avot que aquel que estudia Torá de joven equivale a tinta fresca sobre un pergamino nuevo, mientras que estudiar de grande equivale a tinta sobre papel reutilizado. Esta cita que descubrí en mi camino de retorno a nuestras raíces judías, lejos de asustarme, me indujo a intensificar mi estudio de Torá.

ecorriendo las calles cercanas a mi oficina aquí, en Buenos Aires, me encontré un día con una sinagoga desconocida para mí. Sin poder explicar el por qué, el lugar me atrajo de inmediato. Tal vez por la belleza de su arquitectura, antigua y bien cuidada, tal vez por su profusa biblioteca, o simplemente por la amabilidad de los iehudim que me atendieron. Así que decidí aprovechar la pausa laboral del mediodía para repasar allí los temas de Torá que aprendo en mi comunidad de Jabad. A esa hora, el local de la Ieshivá está desierto, y la tranquilidad del lugar invita a la lectura silenciosa, lejos del ruido de la oficina.

Un caluroso mediodía, sentado junto al fresco de la ventana, repaso la Parashá semanal cuando siento un fuerte bullicio de voces proveniente del hall de entrada del edificio. Levanto mis ojos y veo a través de la puerta a un grupo de jóvenes mochileros israelíes que se acercan a conocer el lugar. Uno de ellos, tal vez de la edad de mis hijos, delgado y un poco desalineado, se aparta del grupo y entra a la Ieshivá. Desde lejos me sonríe, y con paso inseguro se acerca hasta mí. En ese momento, todo se me aclara. En ese momento, entiendo por que me había sentido tan atraído por el lugar.

Muchos años atrás, cuando tenía 17 años, había tenido la posibilidad de visitar durante una excursión la ciudad de Tzfat, en Israel, famosa por sus cabalistas. Recuerdo que era un día muy caluroso. Cuando entramos con nuestro bullicioso grupo a conocer la antigua sinagoga local, nos sentimos inmediatamente atraídos por el lugar. Así, recorrimos brevemente el salón principal ya que debíamos continuar con la excursión. Al levantar mi mochila para salir, vi a través de una puerta abierta el salón contiguo de la Ieshivá. Al asomarme, me llamó la atención una persona de mediana edad -podría haber sido mi padre- que, sin vestir el habitual atuendo religioso, estaba leyendo junto a una ventana. Así que me separé por un momento del grupo, y curioso, aunque no muy decidido, le sonreí y me acerqué para preguntarle qué es lo que hacía allí. “Estudio Torá”, me había respondido amablemente. Después me contó que había comenzado recientemente y que aprovechaba la pausa laboral del mediodía de un pequeño comercio cercano donde trabajaba. “¿Realmente crees en esto?”, le pregunté en forma directa. En verdad no llegó a contestarme porque en ese momento vinieron a buscarme mis amigos, apurados para continuar la excursión. Sólo alcancé a despedirme con un apresurado shalom, y no volví a verlo.

Ahora, tanto tiempo después, este recuerdo vuelve a mi cuando veo a este joven mochilero acercárseme mientras estoy estudiando Torá, con ropas de oficina, en un caluroso mediodía en una antigua sinagoga de Buenos Aires. Increíblemente, el breve episodio se repite desde la perspectiva opuesta. Me pregunta qué estoy haciendo. “Estudio Torá”, le contesto con mi frágil hebreo. Después le cuento que había comenzado recientemente y que aprovechaba el descanso laboral del mediodía. “¿Realmente crees en esto?”, me pregunta en forma directa. Y claro, en ese momento sus bulliciosos amigos vienen a buscarlo. Sin embargo, me apresuro a contestarle con confianza: “Sí, seguro, yo creo, ¿y vos?”. Duda, pero contesta: “Ulai (tal vez)”. Se despide con una sonrisa, y mientras sus apresurados amigos se lo llevan, alcanzo a decirle: “Estudia y lo descubrirás”. Antes de perderlo de vista, desde lejos, me mira, mientras asiente con la cabeza.

Mientras releía la Mishná, pensaba en que el pergamino personal puede o no ser nuevo, y que desde lo personal sin duda es mejor comenzar a estudiar a edad temprana, pero mientras haya un grupo de judíos entusiasmados, grandes o jóvenes, dispuestos a absorber el mensaje de la tinta aún fresca y actual de la Torá, sin duda que habrá otros que se seguirán sumando.

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POR JORGE DOBRY
Jorge Dobry es graduado en Ingeniería Industrial de la Universidad de Buenos Aires. Se dedica a temas de Organización en Recursos Humanos y es docente universitario. Participa de las actividades del Beit Jabad Soho en Buenos Aires, Argentina

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